"Somos Consumidores veloces de emociones ajenas, aunque suene desafinado a nuestros acomodados oídos"
Hoy he leído esto.
Tiempo
Tiempo. Enemigo. No hay nada que hacer contra 48 horas de sueño resumidas en 3 minutos. Que impotencia. Puedes gritar, puedes pegarle a una pared con todas tus fuerzas hasta romperte cada hueso que compone tu mano... Sólo intentos. Pretender querer algo inalcanzable frustra la autodeterminación de un individuo. Quiero irme, nunca puedo. Quiero quedarme, nunca puedo. Maldigo la suerte de forma inútil porque pienso que así los imposibles me dolerán menos. Estoy acabado.
Desear algo tan simple como un intervalo de tiempo determinado para hacer algo, es a veces razón de entristecimiento para las mentes más soñadoras. Dinero, labores y "putasmierdas" las que sean causan mi repulsión hacia la fortuna, hacia el azar. Cosas tan materiales pueden convertirse en un motivo para odiar al mínimo común denominador de todas ellas. Me estoy refiriendo al TIEMPO.
Todo se mide en tiempo. Él nos gobierna y nos destruye. Nos libera y nos alimenta.
Desear algo tan simple como un intervalo de tiempo determinado para hacer algo, es a veces razón de entristecimiento para las mentes más soñadoras. Dinero, labores y "putasmierdas" las que sean causan mi repulsión hacia la fortuna, hacia el azar. Cosas tan materiales pueden convertirse en un motivo para odiar al mínimo común denominador de todas ellas. Me estoy refiriendo al TIEMPO.
Todo se mide en tiempo. Él nos gobierna y nos destruye. Nos libera y nos alimenta.
HEARTBEAT PARA MOTHERFUCKERS
Podría hablaros de basura gafapasta existencial.... hacer la gracia... chascarrillos navideños... Pero esto no es un Blog que abren unos cuantos amigos porque no tienen menstruaciones que sincronizar. Por eso... y después de estas destructivas pero sinceras palabras (no os las tomeis a mal hombre... que House también las dice y os cae de puta madre). Os dejo con algo que merece la pena ver, escuchar y sentir. ESTA ES NUESTRA CANCIÓN:
AZUL ELÉCTRICO
Leerás mis palabras.
Últimamente escribo más bien poco. Siento que se me atrofian partes del cerebro que antes rezaban mi agónica existencia.
Si lo mastico con calma puedo inducirle a mi estado la placébica sensación que ofrece un saco de felicidad que impacta contra mi hastiada estructura de forma casi artística.
Somos huesos. Músculos. Electricidad. Somos lo que queremos... Lo que nacemos... Un hueso rompe. Mientras tanto un músculo pide a gritos no desgarrarse. Todo eso deja de ser problema cuando nos apagamos.
Una vez más marcan las dos y diez de la madrugada. Esto ya lo he vivido. Escribo un texto que no tiene fin; que parece que no concluye. Luego pienso lo que he sacado en claro con todas estas palabras. Cierro los ojos. Negro funde y veo estrellas.
Los abro.
Unos segundos de oscuridad que te hacen cuestionarte la riqueza que puede ofrecer estar ciego. La necesidad de escuchar un sonido que te indique que no estás solo en el mundo (esta frase ahora es tuya; un regalo).
¿Pensais alguna vez? ¿Cuando mirais a ese alguien qué veis? Pelo. Cara. Cuerpo. Elementos que os hacen sentir la necesidad de poseer a alguien como si fuera un juguete del que algún día os cansareis. Os dará igual romperlo porque carecerá de valor y de elementos asociativos que os transporten a lugares que ya casi parezcan sueños.
No tengo delirios de singularidad, nunca los he tenido. Aunque sí que es cierto que he deseado mil veces darle mis ojos a muchas personas para que pudieran ver a través de mí a un ser humano. Su magia. Esa fragilidad escondida entre corazas forjadas con lágrimas.
Es complicado y cuando no lo es nos da la sensación de que algo no va bien. Me deprime que sea una minoría la que vea más allá de un cuerpo. Me ofende que la gente solo sepa chupar la cáscara de la naranja y no tenga ni puta idea de cómo saborear su interior. Yo no pienso ser manco.
Dependo de la electricidad. No de los músculos y tampoco de los huesos.
Siempre estuve obsesionado por palpar una sensación.
Por eso escribo todo esto.
Últimamente escribo más bien poco. Siento que se me atrofian partes del cerebro que antes rezaban mi agónica existencia.
Si lo mastico con calma puedo inducirle a mi estado la placébica sensación que ofrece un saco de felicidad que impacta contra mi hastiada estructura de forma casi artística.
Somos huesos. Músculos. Electricidad. Somos lo que queremos... Lo que nacemos... Un hueso rompe. Mientras tanto un músculo pide a gritos no desgarrarse. Todo eso deja de ser problema cuando nos apagamos.
Una vez más marcan las dos y diez de la madrugada. Esto ya lo he vivido. Escribo un texto que no tiene fin; que parece que no concluye. Luego pienso lo que he sacado en claro con todas estas palabras. Cierro los ojos. Negro funde y veo estrellas.
Los abro.
Unos segundos de oscuridad que te hacen cuestionarte la riqueza que puede ofrecer estar ciego. La necesidad de escuchar un sonido que te indique que no estás solo en el mundo (esta frase ahora es tuya; un regalo).
¿Pensais alguna vez? ¿Cuando mirais a ese alguien qué veis? Pelo. Cara. Cuerpo. Elementos que os hacen sentir la necesidad de poseer a alguien como si fuera un juguete del que algún día os cansareis. Os dará igual romperlo porque carecerá de valor y de elementos asociativos que os transporten a lugares que ya casi parezcan sueños.
No tengo delirios de singularidad, nunca los he tenido. Aunque sí que es cierto que he deseado mil veces darle mis ojos a muchas personas para que pudieran ver a través de mí a un ser humano. Su magia. Esa fragilidad escondida entre corazas forjadas con lágrimas.
Es complicado y cuando no lo es nos da la sensación de que algo no va bien. Me deprime que sea una minoría la que vea más allá de un cuerpo. Me ofende que la gente solo sepa chupar la cáscara de la naranja y no tenga ni puta idea de cómo saborear su interior. Yo no pienso ser manco.
Dependo de la electricidad. No de los músculos y tampoco de los huesos.
Siempre estuve obsesionado por palpar una sensación.
Por eso escribo todo esto.
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